




Los suizos tienen el hábito de poner y arreglar este tradicional ornamento natural sólo una vez llegada la Noche Buena. La tradición dicta iluminarlo con velas y en torno a él, llevar a cabo cánticos en conmemoración de la llegada de Jesús.
Una costumbre bien arraigada y que le cierra el paso a la influencia de la globalización que dicta iluminar el abeto con lucecitas eléctricas.
Por el contrario, se suele colgar en las ramas del árbol deliciosos chocolates que penden de un lacito dorado y que poco a poco serán degustados por los más golosos del encuentro familiar.
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